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Start with Why, de Simon Sinek: La fuerza del porqué


Estos años de atrás, y especialmente tras la pandemia del COVID-19, se ha realzado la importancia de contar con un propósito en la vida. Saber qué nos guía de verdad a cada cual. Tener un motivo de vida y centrarnos en lo que nos llena. Entender cuál es el motivo de que alguien siga batallando por su carrera profesional en lugar de dejarlo todo para montar un complejo de bungalows en Bali. En definitiva, el clásico interrogante de por qué hacemos las cosas.


A sus treinta y pocos años, Simon Sinek escribió Start with Why (2009) y adaptó ese concepto de propósito al marketing empresarial y a las relaciones humanas. Todo había partido del objetivo casi quimérico de detectar algún parámetro común a todos los grandes líderes. ¿Tenían algo en común Martin Luther King Jr. y Steve Jobs? Es innegable que ambos fueron grandes líderes y, sin embargo, muy diferentes. Sinek resalta que líderes de muy distintos ámbitos comparten un rasgo común: hablan desde la convicción de un ideal, desde una motivación profunda, desde el porqué en que creen.


¿Y a nivel empresarial? ¿Qué diferencia a las buenas empresas de las empresas mejores? ¿Por qué algunas, como Apple, son más innovadoras, influyen más y son todavía más rentables? Resulta que estas empresas también tienen un propósito, una razón por la que hacen lo que hacen. Y no solo eso, sino que ese propósito es el motor de la compañía. Todo lo demás ―el producto, las campañas de marketing, el posicionamiento estratégico― son resultado de esa causa que la compañía abandera y sostiene con el puño bien cerrado. Y a ella se unen ―porque se sienten atraídos e identificados― los clientes y también los empleados.

Sinek lo condesó muy gráficamente con el concepto de círculo dorado. En el círculo dorado el núcleo es el porqué, la siguiente onda la marca el cómo se hacen las cosas y por último qué se hace. La clave es empezar todo lo que hacemos preguntándonos en primer lugar por qué.


Según Sinek, la gente no compra productos ni servicios. Ni siquiera ideas. Lo que compra es el porqué que subyace detrás de esos productos e ideas.


De Start with Why y del uso del círculo dorado destacan otras dos aplicaciones: una, la capacidad de los líderes y organizaciones de atraer y retener talento; y otra, nuestra capacidad de ser más empáticos.


La labor de un buen líder no se limita a generar todas las ideas brillantes. Esa no es su labor. Su labor es crear un entorno en el que puedan brotar y crecer esas grandes ideas. Especialmente hoy, en la economía del conocimiento, cuando las empresas las hacen las personas. Y para que esas personas se atrevan a proponer e impulsar nuevas ideas se deben sentir respaldados; contar con una red que les proporcione seguridad y confianza. El ser humano confía en personas con las comparten que valores y creencias. Por tanto, ese tejido fuerte de confianza se fija cuando se cuenta por qué se hacen las cosas: y ahí se cultivan las mejores ideas.


Una segunda aplicación ―absolutamente pragmática― del círculo dorado fomenta la empatía. En lugar de sorprendernos ante lo que la gente hace, o incluso por cómo lo hace, descubramos o preguntemos por qué lo están haciendo. Así seremos capaces de entender el fondo de la cuestión ―y lo decisivo: sus motivaciones― desde el primer momento.