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El inversor inteligente, Benjamin Graham


Warren Buffet, el mejor inversor de nuestro tiempo, no ha escrito ningún libro —ojalá alguna vez lo haga—.Tal vez porque encuentre difícil aportar valor más allá de lo que dejó escrito su mentor, Benjamin Graham (Londres, 1894-1976), en el que él ha catalogado como “el mejor libro sobre inversión jamás escrito”: El inversor inteligente.

Con algo más de 600 páginas —que, escritas en 1949, pueden resultar incluso densas en ocasiones—, El inversor inteligente es una enciclopedia de inversión que se vertebra en cuatro ejes: qué es invertir, cómo se comporta el mercado, qué es invertir bien y qué hace falta para ser un buen inversor. Entender bien estos cuatro conceptos permite al lector constituir unos principios básicos sólidos que podrá aplicar al mercado de valores y a cualquier otra inversión que se plantee en el futuro.

Casi antes de comenzar, Graham hace un claro esfuerzo por delimitar la diferencia entre invertir y especular. Y define una operación de inversión como aquella que, después de realizar un análisis exhaustivo, promete la seguridad del principal y un rendimiento adecuado. Y la coletilla del análisis no es accesoria, ya que, como buen precursor de la inversión value, Graham recuerda que una acción no es solo un símbolo, sino que quien compra una acción está convirtiéndose en dueño parcial de un negocio real, con un valor real.

Una de las mejores aportaciones de Graham en El inversor inteligente, es su invención de la alegoría del “señor Mercado”, un señor que todos los días viene a desayunar contigo y decirte cuánto cree él que vale tu empresa. Además, te ofrece comprar o vender partes de tu empresa y otras. El problema, es que el señor Mercado tiene una doble personalidad maniaco-depresiva, por lo que está continuamente montado en una montaña rusa emocional. Por eso, hay días que es muy optimista y considera que tu empresa vale mucho y otros, cuando está más alicaído, no la valora de acuerdo a su valor intrínseco.

El inversor inteligente, será quien, gracias a su pensamiento crítico y a una confianza paciente, comprará cuando el señor Mercado tenga un día pesimista y venderá cuando este se sienta excesivamente optimista.

Ahora bien, por mucho que hagamos un análisis riguroso, el riesgo a equivocarse es inherente a cualquier decisión. Por ello Graham resalta la importancia del “margen de seguridad”: asegurarse de no pagar de más por ninguna inversión.

Vistas estas y otras muchísimas lecciones que podemos encontrar entre las páginas del libro, no osaría llevar la contraria al gran Warren Buffet. Si él ha construido su fortuna basándose en la filosofía de Graham y El inversor inteligente, su lectura es más que recomendada. A buen seguro, leerlo no te convertirá en Warren Buffet, pero te ayudará a sentar unos principios básicos para que invertir sea invertir; y no otra cosa.